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7 de abril de 2023

Una rosa en invierno de Kathleen Woodiwiss


Sinopsis:

Era una lucha entre la fidelidad y el amor. La hermosa Erienne tenía el corazón dividido entre dos hombres. Su marido, un hombre misterioso, al que ni siquiera ha visto la cara, y un apuesto caballero, no menos enigmático, que parecía tener el intuitivo don de aparecer siempre que Erienne se encontraba en peligro y que ya había salvado la vida a la muchacha en varias ocasiones.

Erienne se había casado, por imposición paterna, con el más rico de sus pretendientes. Se había convertido en Lady Saxton, señora de una ruinosa mansión, impresionante incluso en su decadencia. Era una dama respetada. Pero no se sentía feliz. Su terrible dilema se lo impedía. Un dilema que la mantenía dudando entre la lealtad al esposo y la atracción que sobre ella ejercía “el otro”.

No dejaba de reconocer que, aunque en muchos momentos la presencia de su marido la asustaba, el hombre siempre había sido bueno con ella. Nada podía reprocharle. Los reproches, en todo caso, se los tenía que aplicar a sí misma, cuando el fantasma del adulterio empezaba a cobrar vida en su imaginación y Erienne se preguntaba hasta qué punto debía ser fiel a un hombre que adquirió en una subasta el derecho a hacerla suya y que llevaba el rostro cubierto con una máscara que ocultaba las cicatrices de las heridas producidas por las llamas de un incendio en el que estuvo a punto de perecer. Un incendio provocado por manos asesinas…

Opinión personal:

Calificación:

Es complicado opinar sobre una novela tan viejuna (hay que tener en cuenta la época en la que se publicó) y, sobre todo, en este caso, que, al ser relectura, el gran tema lo conozco.

Eso ha provocado que lo lea desde otro enfoque, que disfrutara más de otras cosas y que, la gran sorpresa, restara ese misterio de la primera vez que la leí

El viejunismo se nota, tanto en la protagonista: bella hasta tal punto tantos la quieren violentar (eso creo que es excesivo) no tan solo por lo mal que deja a todos los hombres que aparecen.

Creo que no se salva ninguno. A excepción del protagonista, al que, aunque en alguna ocasión se le pasa por la cabeza e, incluso llega a verbalizarlo, es de los pocos que parece respetar (al menos un poquito) la voluntad de la dama y, pese a que no cesa de intentar seducirla, acata sus deseos.

Eso es otro punto a favor de la novela, el protagonista no la agravia. Algo muy usual en la época en la que se escribió. Y algo que muchas lectoras hemos encontrado e, incluso, hemos perdonado. ¡Cómo hemos cambiado nuestro gustos lectores! Y uno de los grandes motivos por los que he dejado de leer algunas de las grandes y por lo que, me niego en rotundo a releer algunas de las historias de los años ochenta de las que tengo un recuerdo que sé, ahora, no compartiría.

Esa valentía que excede en algunas escenas. Es algo bastante recurrente en la época (1982) en la que las protagonistas hacían frente a situaciones de gran peligro sin temor, con una fortaleza, maestría en armas y capacidad escapatoria que ya quisiéramos en nuestros días.  —siempre he pensado que a las autoras se les iba un pelín la mano en esto, pero, al menos no eran como otras en las que la autora pintaba  a la mujer como una dulce princesa que necesitaba ser rescatada por su príncipe. No nos equivoquemos, aquí el gran héroe no cesa en salir disparado para salvar a su dama, pero, cuando es menester, también ella suma sus habilidades.

Creo que esas son algunos de los detalles de que esta historia pueda seguir gustando.

Quizás abusa de los malos. Prácticamente todos lo son, hasta grados muy altos, incluso las pocas féminas también son harpías —algo también habitual en la época… parece que si no eran enemigas no podían compartir páginas. Y cuanto peor eran, mejor era la protagonista. Es un poco la definición de carácter por comparación, más que en poner al personaje ante hechos que nos demuestren su buen o mal carácter.

Esta novela es una de los clásicos y creo que pocas lectoras de romántica quedan aún sin haberla leído. Creo que en su época fue una gran revolución, por esa fortaleza de la protagonista.

Es imposible no mencionar a La bella y la bestia porque creo que hasta la idea de cómo llega ella a convertirse en Lady Saxton emula en exceso el cuento. Pero me sigue gustando mucho esa dualidad entre la perfección de la belleza, no tan solo de ella, sino también del apuesto caballero y de cómo, el carácter de la bestia: respetuoso, cariñoso y paciente, logra conseguir vencer los miedos de Erienne.

En ese sentido, creo que la historia obtiene buena nota y, gracias a conocer, cómo consigue la autora resolver el tema, he podido disfrutar más de esos pequeños detalles que, en la lectura primera, pasan, quizás, un poco desapercibidos.

Es una novela de las de antes. La autora se pierde en preliminares que ahora, con esta cultura de «lo quiero ya y todo lo rápido parece mejor» con la que, a veces, suelo discrepar tanto… ha hecho de ese comienzo algo lento, al menos, que logres ponerte en antecedentes. Aquí todo queda perfectamente explicado, aunque, al final, después de tanta lucha, sables, pistolas… el final, en mi opinión, queda algo precipitado.

Muchas son las aventuras que vive la pareja, por un lado tenemos este triángulo amoroso entre, como se menciona en la sinopsis, la fidelidad al marido y el amor al apuesto caballero, pero tenemos también, la resolución de la búsqueda de justicia ante unos pendencieros que, no tan solo ponen en peligro a cuanto viajero pasa por la zona, sino que ambicionaron tierras y fortunas y se hicieron de malas formas con ellos.

No voy a negar que tanta perfección, actualmente, me pone un poco nerviosa. Nunca he sido muy dada al hecho de que la belleza de la protagonista sea el único motivo por el que los hombres suspiran por una mujer. También es un tema en el que, por suerte, hemos evolucionado en la romántica.

En definitiva, me daba un poco de miedo volver a leer esta historia, pero creo que ha superado las expectativas que tenía. Me lo he pasado bastante bien leyendo las idas y venidas de Erienne, sus diálogos con el guaperas y su evolución de sentimientos frente a su marido. Hasta llegar a ese punto pasa casi la mitad de la novela, así que entre así que ya podéis ver que la autora se toma su tiempo en preparar la historia. Quizás, para mi gusto, algo excesivo y esas páginas podrían haberse empleado en una conversación, mucho más necesaria, algo más extensa. Pero creo que los detalles que en su momento la hicieron tan novedosa y rompedora siguen estando ahí y por eso ha sido capaz, al menos en su historia, de superar el paso del tiempo.


Datos de interés: Ficha de la novela - Ficha de la autora 

Pepa

3 de marzo de 2017

Orgullo y prejuicio de Jane Austen





Publicada originalmente en 1813, Orgullo y prejuicio es una de las obras maestras de la literatura inglesa de todos los tiempos. A lo largo de una trama que discurre con la precisión de un mecanismo de relojería, Jane Austen perfila una galería de personajes que conforman un perfecto y sutil retrato de época: las peripecias de una dama empeñada en casar a sus hijas con el mejor partido de la región, los vaivenes sentimentales de las hermanas, el oportunismo de un clérigo adulador... El trazado de los caracteres y el análisis de las relaciones humanas sometidas a un rígido código de costumbres, elementos esenciales en la narrativa de la autora, alcanzan en esta novela de maestría insuperable.




Esta novela es tan conocida y se ha hablado tanto de ella que, seguro, no es necesaria mayor presentación.

Así pues, más que una opinión personal de «Orgullo y prejuicio» tomaros esta entrada como una forma descarada para recomendaros, si no lo habéis hecho, leer esta novela.

Soy una enamorada de esta historia, me encanta Jane Austen, aunque reconozco que no todas sus obras me han gustado por igual. No sé qué tiene esta obra, que cada vez que la leo − y contad que son muchas ya las lecturas que llevo y otras tantas las veces que he visto su adaptación de la BBC − que sigue gustándome como la primera vez, consigue arrancarme más de una carcajada con esa ironía y ese sarcasmo que salpican todas sus páginas, esos personajes llevados al extremo de rozar lo esperpéntico y esa critica social que apunta como una flecha dando de pleno en la diana.

Quizás su mayor mérito es que el paso de los años no ha mermado su actualidad y, aunque no voy a engañaros diciendo que Mr. Darcy no consiguió enamorarme la primera vez que la leí, fue el personaje de Elizabeth, quien lleva en todo momento el peso de la trama, el que realmente consiguió llamarme la atención.

Mujer moderna y de carácter, posiblemente tan enfrentada contra las normas sociales como le era permitido y, desde luego, con el acérrimo propósito de no dejarse vencer por imposiciones que no consideraba necesarias.
Me divierten muchísimo sus afilados comentarios, la forma sutil que tiene de revelarse contra la superioridad y el orgullo del frío Darcy, quien, mal que le pese, tarda mucho menos que ella en caer en sus redes.

Aunque ahora la leamos como una novela histórica, fue escrita como una novela contemporánea y Austen se demuestra como una gran conocedora y perfecta analista del comportamiento de sus semejantes. Un conjunto de personajes que representan de forma clara, sencilla y muy concisa grandes caricaturas de lo que, seguramente, eran tópicos de su tiempo.

No nos engañemos, no estamos ante una novela romántica, pese a que el matrimonio es uno de los temas principales en torno al que gira la historia y seguramente es la más conocida de la autora por el buen tandem que forman Darcy y Elizabeth. Nada sorprendente ya que la autora plasma una de las grandes preocupaciones de las féminas de su tiempo: su porvenir, y pocas opciones reales tenía la mujer en aquellos tiempos.  Aquí encontramos un claro reflejo y se pueden apreciar distintos tipos de relaciones.

No sabemos si detrás de Darcy se esconde el ideal de hombre de la autora. Aquí, hago un alto para admitir que para mí se asemeja mucho a los protagonistas que me gusta encontrar en las novelas que leo. Siempre digo que mis personajes favoritos son los duques estirados y snobs que esconde un gran corazón  y, aunque Darcy no es noble, su posición económica le aporta ese mismo estilo de vida. Y, si os fijáis, muchas de las novelas que me gustan, mucho; incluyen en su desarrollo un esquema similar al romance que aquí protagonizan Darcy y Lizzy, cuyo mensaje más importante es que está basado en el respeto, en la influencia en el crecimiento personal que ha tenido el conocerse mutuamente y en la igualdad en la pareja, algo que en la época no sería muy usual

Soy incapaz de transmitir lo mucho que me gusta esta obra, y espero que las que no hayáis conocido más que las adaptaciones cinematográficas os decidáis a leer la historia de las palabras de la propia autora. Hay adaptaciones muy buenas, e incluso, bastante fieles, pero nada como esos matices y esos pensamientos que se pierden en lo visual y que tan solo con la pluma se pueden describir.

Su lenguaje, aunque muy pulido, no resulta nada denso de leer ya que es una novela donde la ironía aporta en todo momento una chispa de diversión. Son muchos los diálogos o las conversaciones que se detallan, por lo tanto, el ritmo de lectura, en mi opinión, es mucho más ágil de lo que se pueda pensar al saber que estamos ante una novela escrita en el siglo diecinueve. 
Está clara mi imparcialidad y espero que, si no lo habéis hecho, le deis una oportunidad a una de las grandes autoras de la literatura inglesa. He leído todas sus obras, y esta es mi favorita, contádme, si os apetece,  cual es la vuestra.


Pepa