Sinopsis:
Una musa de cabellos plateados y
un carismático artista convertirán lo que no parecía sino un negocio en una
bella historia de amor.
Stella Hobhouse destaca en todo
lo que hace: es una excelente amazona, dibuja bien, es una buena amiga de sus
amigos… pero lo cierto es que vive arrinconada, sin que nadie le haga caso. Ese
cabello gris que tiene no es que esté precisamente a la moda, y la menguante
fortuna de su hermano apunta a que acabará sola y abandonada en mitad de
Derbyshire. Así que, ¿por qué no posar para un atrevido retrato?
Edward Hayes, aspirante a pintor,
sabe reconocer la belleza cuando la ve, y quiere pintarla. Tras una grave
enfermedad, entiende que no hay que perder el tiempo. Quiere que su musa pose
para él, como sea, aunque tenga que casarse con ella para que acepte.
Tenía muchas ganas de leer La
musa de Maiden Lane, cerrar el círculo de estas cuatro amigas que se salen un
poco de lo socialmente correcto por uno u otro motivo. Mimi Matthews es una
autora que me gusta, aunque ya sabéis que siempre encuentro que a sus
novelas les falta un poquito de chispa para llegar a conquistarme.
Así que toca decir que lo que más he disfrutado ha sido todo lo relacionado con el mundo de la pintura. Me ha encantado que el arte tenga un papel tan importante en la historia y cómo la autora lo integra en la relación entre Stella y Teddy. Además, los pequeños guiños históricos que aparecen a lo largo de la novela enriquecen mucho la ambientación y son uno de esos detalles que siempre agradezco en el romance histórico: personajes reales a los que se mencionan y, sobre todo, inventos y curiosidades que son importantes en la trama. Se nota el trabajo de documentación de Matthews y consigue que el escenario victoriano resulte muy creíble sin llegar a ser pesado, tal como ella misma aclara al final.
En cuanto a los protagonistas, ambos me han parecido muy tiernos. Stella y Teddy —al que conocimos en la serie «Los desamparados de Devon» como el hermano inválido de Laura, protagonista de "Un matrimonio de conveniencia— son dos personajes marcados por la forma en que la sociedad los percibe, y precisamente eso hace que su historia sea especialmente sensible. Su relación se construye desde el respeto, la admiración y la comprensión mutua, algo que siempre valoro en este género.Stella ha vivido marcada por su
color de pelo que la ha hecho sentir siempre como un bicho, su obsesión es
pasar desapercibida, que no hablen de ella, no destacar entre las demás por
algo de lo que no se siente nada orgullosa, sino rara. Es una joven decidida
que, justo por esa anomalía, llama la atención de Teddy, que se siente
deslumbrado por ella desde el principio.
Stella quiere una vida normal,
casarse, tener hijos y no depender de un hermano que cada vez la trata de una
manera más infame.
Teddy, punto fuerte de la novela,
no tan solo por su condición física —dejadme que haga un inciso para aplaudir
efusivamente a la autora por su bravura al construir una historia para un
protagonista masculino en una silla de ruedas y no curarlo al final (fin del
spoiler)—, vive atado a su silla de ruedas desde que tuvo la escarlatina.
Su forma de escape es pintar y quiere convertirse en un artista afamado. Con
cierta independencia económica gracias al negocio familiar, ahora es el momento
de alejarse del cuidado de su hermana Laura y, con esta recién casada, toma la
determinación de tomar las riendas de su propia vida.
Desde luego que su historia es tierna y bonita, nada como un punto de
partida dramático para que cualquier lectora se alegre con los cambios
positivos de los personajes. La historia de Teddy es de superación y victoria y
se te encoje el corazón cada vez que sus pensamientos vuelven a sus
incapacidades y se te hincha el pecho cada vez que lees su determinación y
fortaleza.
Sin embargo, me ha faltado mucha
chispa. La novela tiene un ritmo muy pausado y, aunque eso suele ser una de las
señas de identidad de la autora, en esta ocasión he sentido que la historia
avanzaba demasiado despacio. Esperaba que en algún momento apareciera un
conflicto con más fuerza o alguna escena que terminara de emocionarme, pero esa
sensación nunca llegó. Es una lectura entretenida y bonita, sin altibajos en la
que todo fluye hacia un final previsible, pero sin ese punto de entusiasmo que
hace que no quieras soltar el libro.
Tengo dos novelas más pendientes
de esta autora, no he seguido el orden de publicación de la editorial porque quería
terminar esta serie. De todas formas, los voy a dejar para más adelante para
tomarme un respiro con ella.
La musa de Maiden Lane sigue
teniendo todas las cualidades que asocio a Mimi Matthews: una ambientación
impecable, personajes entrañables y un romance delicado, construido con calma.
Sin embargo, en esta ocasión he echado en falta algo más de intensidad. Me ha
parecido una lectura agradable y elegante, pero también algo plana en
determinados momentos ya que fluye sin obstáculos.
Aun así, creo que gustará
especialmente a quienes disfrutan de los romances históricos pausados, donde
prima la evolución de los personajes por encima de la acción.




