Sinopsis:
En un futuro próximo, a una
funcionaria le ofrecen el sueldo de sus sueños y, poco después, le comunican en
qué proyecto trabajará: un ministerio de reciente creación está reuniendo a
«expatriados» de toda la historia para determinar si viajar en el tiempo es
factible.
A ella se le encarga trabajar
como «puente»: vivir con, ayudar y supervisar al expatriado conocido como
«1847» o comandante Graham Gore. En lo que respecta a la historia, el
comandante Gore murió en la condenada expedición de Sir John Franklin al Ártico
en 1845, por lo que está un poco desorientado al vivir con una mujer soltera
que muestra regularmente sus pantorrillas, rodeado de conceptos extravagantes
como «lavadora», «Spotify» o «el colapso del Imperio Británico». Pero con un
apetito por descubrir, un hábito de fumar siete cigarrillos al día y el apoyo
de un encantador y caótico elenco de compañeros expatriados, pronto se adapta.
Pero lo que el puente pensó que
sería, en el mejor de los casos, una complicada e incómoda dinámica de
compañeros de piso, evoluciona hacia algo mucho más profundo.
Cuando sale a la luz la verdadera
idea detrás del proyecto del gobierno, el puente se ha enamorado de forma
fortuita y ferviente, con consecuencias que nunca habría imaginado. Obligada a
enfrentarse a las decisiones que les unieron, debe enfrentarse a cómo lo que
haga a continuación puede cambiar el futuro.
Un puente sobre el tiempo se
construye a partir de una fusión de géneros e ideas exquisitamente original y
febrilmente divertida, y nos pregunta: ¿Qué significa desafiar a la historia
cuando la historia vive en tu casa?
Opinión personal:
Título original «The Ministry of
Time» tal como la serie española que me encanta y, curiosamente, hay datos que
comparten: unos personajes a los que traen del pasado y lo hacen a través de
una puerta. Hasta ahí llega la
coincidencia.
Novela que se sale totalmente de
mi zona de confort y que no hubiera leído si no me la hubieran prestado y
recomendado. Mil gracias♥♥♥.
Me ha gustado mucho y eso tiene valor porque mi parte racional se pasa todo el tiempo cuestionando cosas y
decidí al empezarlo que iba a dejar de buscarle la lógica
a todos esos elementos. Un salto de fe que la autora no necesita explicar ni
explica. El hecho es que, aunque al final la autora intenta explicar motivos,
creo que no es eso lo importante.
Debo aclarar que no es una novela
romántica, aunque el romance tiene muchísimo peso y no hubiera desentonado en ese género.
Son varios los personajes
carismáticos que el Ministerio trae del pasado. Me ha supuesto un dato
irrelevante el porqué, pues lo que más me ha gustado es ese sentido del humor y
divertimiento con el que todos se van adaptando del pasado al presente, cómo,
cosas que nosotros vemos de lo más usuales y cotidianas, les resultan chocantes
a estos hombres y mujeres del pasado que lo ven por primera vez.
Es indudable que no podemos
olvidar la crítica social de la autora a través de los ojos de uno de los
personajes principales: Graham Gore (1845), oficial de la Marina británica del
siglo XIX, personaje que resulta de lo
más encantador, carismático, con una personalidad arrolladora, atractivo,
inteligente y firme en el que la autora ha plasmado con gran acierto las luchas
internas entre lo que tiene aprendido y lo que puede hacer ahora. Me han
gustado mucho esas incertidumbres, cuestiones, la comparación a través de la
obsesión por la lectura de una novela en concreto y, sobre todo, la pérdida de
prejuicios ante todo lo establecido que ha visto caer tan solo al atravesar una
puerta. Pero, algo que quiero destacar, es el gran humor que lo envuelve y la
capacidad de reírse tanto de sí mismo como de su puente.
Curioso que la narradora no tenga
nombre, personaje principal. Británica-camboyana,
comparte raíces con la propia autora y es una excusa perfecta para insertar
también el tema del racismo como otra crítica social más.
Ella será el puente del personaje
masculino principal, Graham Gore y lo que tenga que pasar pasará.
Me ha gustado que los personajes
sean tratados con números: 1645 (Lieutenant Thomas Cardingham, soldado de la
Guerra Civil Inglesa), 1665 (Margaret Kemble, Plaga de Londres), 1793 (Anne
Spencer, Revolución Francesa) y 1916 capitán Arthur Reginald-Smyth, militar de
la Primera Guerra Mundial. Algunas de las fechas más importantes de la
historia, hubo otras, por supuesto, pero estas son las elegidas por la autora.
Ese trato numérico los relaciona más con lo que son para el Ministerio, un experimento y, aunque a mí me ha costado muchísimo al principio descifrar quien era quien cuando hablaba, también es cierto que con el paso del tiempo y el mayor uso de sus nombres te vas dando cuenta de que, al igual que para sus otros compañeros, empiezan a tener personalidad propia e interés personal para ti como lector.
Y con todos estos personajes de
fondo, y otros también muy relevantes, la autora construye una novela con un
toque de ciencia ficción, viajes en el tiempo, ficción histórica, aventuras,
espionaje, algo de crítica social y un puntito de romance, porque, con una gran
amiga me dijo, «no es una novela romántica, pero es muy romántica».
En su conjunto, hasta estoy sorprendida de que me haya gustado tanto, la verdad. La autora tiene un estilo que fluye y engancha, muchos partes son de poco ritmo pues la autora enfrenta a los personajes con sus luchas, dejando patente el choque cultural al que se tienen que encarar y son pasajes en las que los sentimientos toman el protagonismo. La relación entre la narradora, sin nombre, y Grahan me ha gustado mucho y, no puedo decir que no, es uno de los alicientes que me invitaban a continuar leyendo.
Datos de interés: Ficha de la novela - Ficha de la autora
Pepa




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